Levítico 19: Seres Divinos

Levítico 19:4

No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición. Yo Jehová vuestro Dios.


¿Existe vida en otras galaxias, tal vez, en otras dimensiones? ¿Realmente podemos decir que estamos solos en el Universo? ¿Qué hay de cierto en todas las historias y testimonios de avistamientos OVNIS y experiencias con seres llamados extraterrestres? El tema OVNI ha vuelto a cobrar auge, especialmente después de que el Presidente de los EU decidiera invertir una elevada suma de dinero para crear la Fuerza Espacial en diciembre del año 2019.


Y es que resulta inevitable pensar en este tema, ahora que el propio Donald Trump estableció un plazo de sólo 180 días para que el Pentágono y otras agencias de inteligencia terminen desclasificando toda la información que tengan al respecto del tema OVNI. Aún mejor, hasta hoy 18 de enero del año 2021, ya hay un gran número de estos archivos que han sido desclasificados y que se encuentran disponibles en un sitio llamado The black Vault (La Caja Negra, en Español). Quizá es momento de preguntarnos si hay algo de cierto en todo esto, y si así fuera, ¿Qué dice la Biblia sobre la vida extraterrestre? Y ¿Qué relación guarda este tema con nuestro estudio semanal del libro de Levítico?



Para comenzar, acordemos que la mayoría de las culturas antiguas, en distantes zonas geográficas de nuestro planeta, parecen contarnos una historia muy similar sobre el origen de la civilización humana. Desde el continente africano hasta las culturas precolombinas de América, los antiguos nos hablan de cómo los hijos de los dioses, y en ocasiones los dioses mismos, bajaron a la Tierra y se mezclaron con la raza humana, enseñándoles nuevas tecnologías y produciendo una raza de semidioses que terminaron convirtiéndose en padres de las grandes civilizaciones, y sobre todo de las élites dominantes.


Claro que hay mucho de mito en estas historias, pero también hay coincidencias muy interesantes, en particular porque se dan entre culturas que no se supone tuvieran comunicación entre ellas en este punto. Una de estas culturas fue la sumeria.


Los Sumerios fueron los habitantes de la Antigua Mesopotamia, el lugar específico que las Escrituras señalan como cuna de la humanidad, entre los ríos Tigris y Éufrates. Eran politeístas, pero adoraban fundamentalmente a tres deidades superiores: Anu, Enlil y Enki. ¿Alguna vez has escuchado hablar de los anunakis? Estos eran, según la mitología sumeria, los descendientes del dios Anu, autoridad suprema del Universo y padre de todos los demás dioses.


Los sumerios y otras civilizaciones cercanas describieron a los anunakis como una raza de criaturas humanoides de gran estatura y rasgos reptilianos, poseedores de una inteligencia superior y de tecnologías sorprendentemente avanzadas para su tiempo. Aunque no totalmente humanos, los antiguos habitantes de Mesopotamia creían que los anunakis podían mezclarse y procrear con los seres humanos. Aún más interesante resulta entender que el término anunaki significa literalmente los que descendieron del cielo a la tierra, y que los mismos fueron llamados sir por los babilonios, que también significa serpiente grande o dragón.


¿Simples coincidencias? Claro que no! La Escritura es bastante clara cuando afirma que un evento como este pudo haber tenido lugar en tiempos de Noé.


Génesis 6:1-4

Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.

Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años.

Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.

Aunque hay más de una interpretación para la frase hijos de Dios en este pasaje, la más antigua y consecuente con el contexto bíblico, en nuestra opinión, es la que identifica con ella a un conjunto de seres sobrenaturales o divinos, que se rebelaron contra el Creador y contra sus designios para la raza humana. Otras posibles traducciones de esta frase son: hijos de los dioses, hijos de los poderosos, hijos de los jueces, ángeles o inclusive, seres divinos. Referencias bíblicas a los hijos de Dios en el AT parecen sugerir que estos eran en realidad seres sobrenaturales y no meramente humanos:


1. Job 1:6 y 2:1

Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás.

Aconteció que otro día vinieron los hijos de Dios para presentarse delante de Jehová, y Satanás vino también entre ellos presentándose delante de Jehová.


2. Job 38:4 y 6-7

¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?...¿O quién puso su piedra angular,

Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?


Teniendo en cuenta que el libro de Job es el más antiguo, o uno de los más antiguos de la Biblia, es razonable esperar que el término hijos de Dios sea perfectamente consistente con nuestro pasaje de Génesis 6, pero ¿Son estos hijos de Dios necesariamente ángeles?


Tenemos una fuerte tendencia a pensar que los ángeles son la única creación de Dios que se encuentra fuera de la esfera terrenal, y que son todos bebés regordetes, de apariencia tierna, con alitas blancas emplumadas, que sostienen pequeñas arpas o arcos en las manos; sin embargo, la Escritura los describe simplemente como espíritus que pueden tomar apariencia humana, o inclusive como criaturas bastante raras, creadas por Dios con una gran variedad de apariencias, formas, y propósitos.


A decir verdad, el término ángel o malak ni siquiera es una designación de especie o género en la Escritura, sino simplemente un calificativo que se aplica a cualquier mensajero o enviado, ya sea humano o no. Así es como leemos en Job 1:14 que un mensajero vino a traerle malas noticias a Job, en 1 Samuel 16:19 que Saúl envió mensajeros a Isaí para buscar a David, o en 1 Reyes 19:2 que Jezabel le envió un mensajero a Elías para amenazarlo. Esta palabra mensajero es la misma que se traduce como ángel en otros pasajes de la Escritura, y por lo tanto sólo es una designación de propósito, y no tiene nada que decirnos sobre la naturaleza del mensajero en cuestión. Simplemente significa un enviado, un representante ó heraldo.


Una segunda mirada a Génesis 6:4 sugiere que existe una relación entre estos hijos de Dios, que se rebelaron contra naturaleza, y el surgimiento de una raza de gigantes, llamados los nephilim en el idioma original. El término nephilim pudiera interpretarse como los caídos, los rebeldes, o los apóstatas. Otras posibles traducciones implican que estos eran en realidad individuos excelentes, nobles o especialmente habilidosos; sin embargo, múltiples referencias bíblicas confirman la existencia de gigantes en el sentido literal, cuya estatura y características físicas estaban muy por encima de lo normal. Si tomamos en cuenta el contexto de Génesis 6, pudiéramos combinar ambas interpretaciones para hacernos una idea de quienes eran en realidad estos gigantes.


Otra referencia importante que puede entenderse en conexión con este evento es la que encontramos en la carta de Judas, versos 6-7. Leamos a continuación:


Judas 1:6-7

Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día; como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.


En esta carta neotestamentaria, el escritor menciona un grupo de ángeles rebeldes, que ya se encuentra en prisiones eternas con vistas al gran día del juicio. Está claro que estos no forman parte del grupo que se rebeló con Satanás, pues la Escritura dice que este se encuentra en libertad al presente. Este grupo, sin embargo, parece haber incurrido en un pecado de tipo sexual, específicamente, en relaciones sexuales contra naturaleza a la manera Sodoma y Gomorra.


¿Quiénes son estos? ¿Será que Judas está citando aquí a los hijos de Dios de Génesis 6? Sin lugar a duda así lo entendieron sus contemporáneos, especialmente sus compatriotas judíos, quienes ya para esa época estaban bastante familiarizados con el llamado Primer Libro de Enoc, un texto religioso hebreo de carácter apocalíptico, que fue ampliamente aceptado entre los primeros cristianos. Partiendo de este punto, podemos llegar a comprender mejor el origen común de todas las religiones politeístas del mundo, y por qué sus cosmovisiones son tan parecidas. En otras palabras, ellos sistematizaron la adoración de estas entidades con las que sus antepasados tuvieron contacto, y que luego pasarían de una cultura a otra, en ocasiones cambiando de nombre, pero manteniendo la esencia de sus rituales paganos.


Realmente habría que hablar por días sobre este tema, sin embargo, el objetivo de este estudio es el de abrir de alguna manera el espectro de interpretación bíblica y, hasta cierto punto correr el velo, para llegar a la esencia de Levítico 19:4. ¿Por qué dijo Dios: No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás...? (Éxodo 20:4-5) Y continúa describiendo las consecuencias de esta adoración: ...Porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen (v. 5).


Como vemos en este pasaje de los Diez Mandamientos, hay una maldición que se relaciona directamente con la adoración de imágenes; esta maldición no sólo afecta a quienes practican la idolatría, sino también hasta la tercera y cuarta generación después de él. La adoración de imágenes, o de cualquier entidad, energía, o fuerza sobrenatural fuera de Dios mismo es una ofensa grave al Creador de todas las cosas y despierta la ira de Dios sobre quienes la practican. Las normas referentes al uso de esculturas e imágenes en el campamento israelita eran muy estrictas, de modo que no se permitía ninguna representación física o material de la divinidad.


Éxodo 22:22-25

Y el Señor le dijo a Moisés que les comunicara a los israelitas lo siguiente: «Ustedes son testigos de que les he dado a conocer mi voluntad desde el cielo. Recuerden que no deben adorar ídolos, ya sean de plata, de oro o de algún otro material.

Los altares que hagan para mí deben ser sencillos altares de tierra. Sobre ellos me ofrecerán sus sacrificios, sus holocaustos y sus ofrendas pacíficas de ovejas y bueyes. Yo iré al lugar donde les pida que invoquen mi nombre, y los bendeciré allí.

También pueden edificar altares de piedra, pero solamente con piedras sin tallar. No golpearán las piedras con ningún tipo de herramienta para labrarlas, porque eso las profanaría y no servirían para mi altar.


El profeta Jeremías fue uno de los que tuvo que lidiar fuertemente con el pecado de la idolatría pagana en el Reino del Sur. Sus duras palabras no dejan lugar a dudas sobre el carácter impío de esta práctica:


Jeremías 10:1-5 (NBV)

Escucha el mensaje del Señor, Israel:

No hagan como la gente que traza horóscopos y procura leer su destino y futuro en las estrellas. No los asusten predicciones como las de ellos, pues no son más que un cúmulo de mentiras.

Necios y sin sentido son sus procedimientos. Derriban un árbol, un artesano labra un ídolo, lo adornan con oro y plata, y luego con clavos y martillo lo colocan firme en su sitio para que no se caiga, y allí permanece el dios de ellos como espantapájaros en un huerto. No sabe hablar, y hay que transportarlo pues no puede andar.

No teman a un dios así, pues no puede ni perjudicar ni ayudar.

v.8-9

Los hombres más sabios, pero que adoran ídolos, en realidad son tontos e insensatos. Traen de Tarsis plata laminada y de Ufaz traen oro, lo dan a hábiles orfebres que les hacen sus ídolos, luego visten esos ídolos de mantos de púrpura real, obra de expertos sastres. ¡Los ídolos sólo son productos hechos por artesanos!

v. 14-15

Realmente es sorprendente la estupidez de la gente que no tiene conocimiento de Dios, quienes se inclinan ante sus propios ídolos fabricados. Están entregados a algo vergonzoso, pues lo que hacen son falsificaciones, dioses sin vida ni poder. Nada valen, son necedad; serán aplastados junto con sus fabricantes.

La Escritura confirma lo que ya sabemos, que ningún ídolo es nada más que una simple escultura sin vida. Las imágenes no tienen en realidad poder alguno, y no representan la voluntad del único Dios Creador del cielo y la tierra. Este único Dios no puede ser contenido o representado en forma alguna, pues cualquier representación física de su persona es ofensiva y despectiva para Él.


Levítico 26:1

No adorarán imágenes talladas, ni estatuas ni piedras esculpidas, porque yo soy el Señor su Dios.


Ahora, entendemos que existen entidades malignas que toman parte en toda clase de cultos paganos, y que estas entidades seducen a quienes no conocen a fondo la Palabra de Dios, usando el poder de las tinieblas para hacer señales engañosas.


Deuteronomio 32:17-18

Sacrificaron a los demonios, y no a Dios;

A dioses que no habían conocido...

De la Roca que te creó te olvidaste; Te has olvidado de Dios tu creador.


Aplicación:

Estimado lector/ oyente, esperamos que este estudio te haya ayudado a comprender por qué las Sagradas Escrituras condenan la adoración de imágenes y otras prácticas ocultistas como un pecado abominable contra Dios. Si usted o alguien de su círculo cercano está envuelto en cualquiera de estas prácticas, o lo ha estado en algún tiempo pasado, amablemente le invitamos a reconsiderar su posición, confrontándola con la verdad revelada en la Escritura. Como dice la misma, ninguna persona que practica la idolatría heredará el reino de Dios.


Ningún idólatra entrará allí, sin importan que tan buena persona sea; pero algunos de nosotros hemos sido idólatras en el pasado y ahora ya hemos renunciado a la vida pasada para abrazar una vida de obediencia a Cristo. Usted también puede tomar esa decisión ahora y salvar su alma eternamente. Diríjase con toda sinceridad a Dios el Padre pidiendo perdón y dirección sobre cómo proceder en lo adelante.

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